Kafka en la orilla es una interesante novela. La trama, los personajes, el ritmo, todos ellos están construidos con atractiva falsedad. Murakami muestra un mundo lleno de símbolos para que disfrutemos con su lectura, nos sugiere que lo leamos dos veces, para saborear mejor sus texturas, quizá porque piensa que muchos de sus lectores son impacientes, quizá porque también le pasó a él al escribir y desea que al lector le ocurra lo mismo. Mucho mejor que yo y añadiendo otros aspectos lo expresa en su muy acertada la reseña Rodrigo Fresan en Babelia
He decidido trasladarme de cementerio.
Este me empezaba a asfixiar. Me empezaba a asfixiar más de lo que uno se suele en un lugar como este.
No sé si estoy contento. No sé si a un muerto se le permite ese tipo de alegrías.
Y si alguien leyera esto se preguntaría que a dónde me voy; y yo le contestaría pues a otro cementerio, con tumbas, con cesped, con mausoleos, con escupitajos en el suelo. Sí, es verdad que me han prometido una tumba mucho más molona, con jacuzzi-que es algo que siempre deseé pero que nunca me atreví a pedir- y que me generará mucho trabajo pero es que estaba a los cojones de mi cementerio actual, no me llevaba bien con los sepultureros, ni con las planideras, ni con el capellán sólo me apreciaban los profanadores y esos siempre estarán a mi disposición.
Aunque me marche de cementerio acudiré solícito a la celebracion que con motivo de la mentirosa Navidad acontecerá.
En este tiempo de vacio lei cosas que merecen mucho la pena sobretodo Jardines de Kensinton de Rodrigo Fresan; también vi en concierto a The New Pornographers y a Greg Dulli y me gustaría acudir a Plataforma pero no soy tan snob.
Por todas partes, por donde quiera que vayas, periódico que leas, librería que visites, toalla que pises te encentras con el último libro de Mario Vargas Llosa, MVLL como lo llaman los que están en el ajo.
A eso se le llama promoción. MVLL escribe un libro, como es MVLL y no Mario Vargas Llosa la gente ya debería comprarlo, pero como no es así te inundan con el arequipeño-así lo llaman también los que están en el ajo-.
Resulta que MVLL ha realizado una adaptación de teatro y actúa junto a Aitana Sánchez Gijón ¿Eso forma parte de la promoción del libro?¿Forma parte de la promoción del festival de Mérida?¿Forma parte de la promoción del libro?¿Forma parte de un todo?
He leído el último libro de MVLL. Se llama Travesuras de una niña mala. Es reiterativo, abusa de las generalidades y los lugares comunes. Parecen las memorias de alguien famoso, escritas por un negro, que resulta que en este caso es Mario Vargas Llosa. Sí Mario Vargas Llosa hace de negro de si mismo, su pluma está ahí, sus ideas muy lejos ¿En los pechos de Aitana quizás? ¿En los Johnny Walker etiqueta negra que se toma con Polanco?
No se puede hablar de homenaje al folletín, no se puede hablar de recreación de la novela decimonónica. Eso es basura de crítico bien instruido, por quién instruye a los críticos de libros. De la crítica hay una excepción en forma de escorpión
Una historia de amor. Un "Si tú me dices ven, lo dejo todo". Una historia de amor en el contexto histórico. Contexto histórico tratado como Forest Gump trata a l historia.
Mario Vargas Llosa es probablemente unos de los cinco escritores más importantes en lengua castellana vivos. Esta obra es un desliz. Es un engaño comercial. No compren ese libro. No lo regalen—como me hicieron a mí—. MVLL tiene otras novelas excelentes que no salen en las cabeceras de las librerías. No pasa nada por este fraude.
Yo no puedo escribir treinta páginas seguidas y va el viejo macho este y escribe 370. Intento escribir un párrafo y me cuesta horas. Y este libro que tanto critico, cuenta anecdotas perfectamente hiladas, como si le salieran naturales, sin necesidad de artificios. Si es que merezco estar donde estoy.
No importa mucho donde he estado. El que sepa encontrar paralelismos lo sabrá. No ha sido por vagancia, ni por indolencia, ni por falta de pago. He estado lejos de este foro, supongo que os dará igual por eso no me extiendo, pero he estado muy malito por si a alguien le importa ¿Es eso posible? No, por supuesto que no. Estoy muerto ¿No habíamos quedado en eso? Y si no como si lo estuviera.
He estado recluido, sin delito, sin juicio, sin carceleros. Y qué he hecho. Pues he buscado una tumba compartida y fresca en el nuevo cementerio en el que me han destinado y me he tumbado dejando mi tensión al mínimo, perdón si de eso no tengo, como si la tuviera. Lo mismo me ha pasado con la temperatura, normalmente estoy frío pero en estas épocas del año ya se sabe se puede tener fiebre a la mínima que alguien se deje la lápida abierta.
He leído mucho, como estaba limitada mi capacidad ambulatoria, sólo podía hacer eso: leer o llenar de gas la cripta y encender un fósforo. Prefiero bollitos.
He descubierto que no se puede leer a Juan Rulfo en urgencias y con fiebre, en mitad de un pasillo y empapado en sudor. No se puede, es necesario estar atento y aún en perfecta vigilia cuesta. ¿Quién ha dicho que lo único que vende y que se lee son libros tipo la Catedral del Mar? Lo que pasa que no hay cojones. Igual cojones sí hay, pero ni un duro para promocionar algo distinto a Vargas Llosa, Eduardo Mendoza, Santiago Rocangliolo—que dentro de lo comercial es de lo que me atrevo a leer. En realidad me los regalaron. Lo hicieron mientras estaba postrado y no podía ir a gastar dinero haciéndome pasar por un erudito, bueno más que erudito, enteradillo— y claro uno teme que cada vez se escriba más fácil—por simplón— porque cada vez cuesta más leer, porque ya no hay tiempo y hay que robárselo a la televisión, a la Playstation y al Messenger.
Y qué quería decir. Eso mismo me preguntaba yo según leía el libro de Eduardo Mendoza, Mauricio o las elecciones primarias. No digo esto porque el libro sea obstuso y tortuoso, más bien todo lo contrario, lo digo por insulso, por manido, por predecible, por inconexo, por facilón, por engreído. Lo siento señor Mendoza, quiere que se lo explique, usted ya lo sabe, no me creo que piense que esté ante su obra maestra. Es usted un caradura en proceso de senectud, agradézcale a sus amigos secuestrados por el oro de Polanco sus críticas benévolas y mediopensionistas. Novela decimonónica dicen, sí poco más o menos La Regenta, no te jode. Los personajes son caricaturas, las mismas caricaturas que borda en la comedia, pero que en la tragedia ¡Ay! Amigo Mendoza, en la tragedia sus personajes: el cura obrero, la ex drogadicta, el histórico del PSC, el detective jorobado, el abogado ladino, el dentista putero, no aguantan, por poco creíbles por remitirnos a lugares comunes. Usted no ha construido una historia, usted ha cogido cuatro tópico del periodo después de la transición y los ha mezclado torpemente. Sin embargo, permítame que me quite el cráneo con la frase cuando la novia pija del dentista se lo hace con la novia pija del amigo del dentista:
“…¿Nos comemos el chichi?
—Si tu quieres, por mi vale”.
¡Qué faltón soy! Si apenas puedo considerarme un junta-letras, cómo oso meterme de esa manera con un escritor tan reconocido y tan capaz. Y luego pienso que por eso se lo merece más, porque puede y no quiere.
El próximo día, que se prepare Vargas Llosa que también le toca lo suyo. No vuelvo a leer un libro que no recomiende Lector ileso.
Hoy leía en El Pais la historia de esta chica.
A lo mejor era una colaboracionista de los intereses marroquíes. El policía sería una especie de castigo enviado por el Polisario.
Una flor de 25 años ambiciosa y valiente.
Salka Ahl Sabai estaba embarazada cuando tras recorrer 200 kilómetros por el desierto se lanzó desde lo alto del acantilado.
Salka era una estrella de la tele, tenía muchos admiradores, uno de ellos le prometió gloria a cambio del matrimonio. ¿Se equivocó Salka? Ahora sabemos que sí, pero ella quería salir del guetto, quería mejorar, crecer ser una estrella de la tele, como María Escario, como Leticia y casarse con un famoso que la elevara por las alturas y que estuviera dispuesto a retirarla si fuera necesario.
Salka se casó con un polígamo y además sin ninguna influencia. No sé que fue lo que más dolió: si el engaño en estado civil o en estado financiero.
Sallka parecía moderna pero no lo era, quizá no le hubiera pasado eso si estubiera en el Campo de Refugiados en lugar de en la televisión colaboracionista. Qué puedo decir yo. Que siento una gran pena por una valiente.
Ayer terminé los rios perdidos de Londres, Maravilloso libro de relatos de Juan Calvo. El escritor habla de Patricia Travers la autora de Mary Poppins.
Resulta que Mary Poppins no era en la novela como nos la pintó Walt Disney y ella desde luego era un ser tortuoso y sigular que llegó a este extremo copio y pego de EL MUNDO:
El año 1939 fue decisivo para el mundo y, en particular, para Pamela Lyndon Travers. Por aquellos días trágicos que dieron inicio a la Segunda Guerra Mundial, esta escritora y periodista australiana radicada en Londres escuchaba atentamente a un astrólogo que, mediante cartas de tarot, le aconsejaba sobre los pasos a seguir en el momento más crucial de su vida. Pero su duda poco tenía que ver con los destinos de una humanidad a punto de caer en la más grosera carnicería de su historia: a ella, en aquel momento, lo que más le interesaba era saber a cuál de los dos mellizos que le habían ofrecido en adopción escoger. Y a cuál descartar.
Con aquella decisión salomónica, Travers marcaría para siempre la vida de esos dos bebés, los mellizos Anthony y Camillus. Hoy son dos hombres de 65 años con existencias y realidades desencontradas.Y aunque nadie ha sabido explicar por qué no se llevó consigo a ambos, nadie, tampoco, puede creer que esta mujer sea la misma que apenas cinco años antes había publicado el primer libro de Mary Poppins, uno de los grandes éxitos de la literatura y el cine infantil del siglo XX.
En el mismo mundo donde millones de pequeños crecieron conociendo las andanzas de la niñera voladora inglesa, Anthony y Camillus vivieron toda su infancia sin saber nada sobre su dura separación.Mientras Anthony, que nació 20 minutos antes, fue criado en su pueblo natal irlandés de Kilkenny por sus legítimos padres y abuelos, Camillus bebió de las mieles de la riqueza de su madre sustituta en Inglaterra, donde fue enviado como pupilo a colegios de Bryanston y Winchester.
Los caminos de ambos se cruzaron por vez primera cuando tenían 17 años. Anthony, que se había enterado de la existencia de su hermano gracias a la tarea de espionaje de un tío materno, decidió personarse en la casa que Travers tenía en Chelsea. «Cuando golpeé la puerta y le pregunté a Pamela si podía ver a mi hermano, ella se apoyó sobre una pared, y pareció desvanecerse. Pensé que la había matado», recuerda el mellizo, que recibió el apellido Hone de su familia paterna.
Instantes después de aquella escena, Anthony vio por primera vez a su hermano. Según declaró recientemente a The Mail on Sunday, aquel encuentro, con la revelación que suponía, marcó la vida del mellizo elegido por Pamela. «Sentí como su mundo se venía abajo completamente», dice su hermano.
Ha pasado casi medio siglo desde que Camillus descubriera de golpe que aquella mujer a la que llamaba madre no era su madre biológica. Y, al menos en apariencia, el paso del tiempo ha recompuesto gran parte de lo que se le pudo romper por dentro. No hay el menor atisbo de reproche en las palabras que dedica a la mujer que le separó para siempre de su hermano mellizo. «Ella llegó a mi vida como Mary Poppins. Se hizo cargo de todo, y al cabo de casi 60 años se marchó», dice, en referencia a la muerte de la escritora, ocurrida en 1996. «No era mi madre natural», añade a CRONICA, «sino como una especie de institutriz. Tomó como un deber el hecho de criarme, y lo hizo tan bien como pudo».
Los trazos más oscuros de la vida del adoptado Camillus los brinda su dolido hermano, quien asegura, no obstante, mantener una «buena relación» con él. Dice Anthony que a raíz de su primera irrupción en la vida de Camillus y la escritora, a su hermano se le terminaron de un plumazo los beneficios de la buena crianza que había disfrutado.«Él inició una alocada carrera de autodestrucción con el juego y la bebida», afirma, en referencia a los años que siguieron a aquel primer encuentro. «Luego dejó Oxford (donde había empezado a estudiar) y se descarrió. Siento pena por este pobre hombre, que vive de su pasado Se siente traicionado porque ella [Pamela Travers] debió haberle dicho la verdad en su momento», opina Anthony.
La situación pareció tornarse aún más dramática cuando Camillus conoció a su madre biológica, a los 21 años. Así lo narra él mismo: «Nos vimos en un pub de Chelsea, y ella me dijo que se estaba muriendo. Yo le respondí "Oh, sí", como si no le creyera.Pero en el lapso de un año efectivamente falleció».
Tras su deceso, Anthony cobró una fortuna de 35.000 libras de la época, que despilfarró en menos de tres años. Camillus, en cambio, nunca pudo derrochar el dinero de su madre adoptiva, ya que Pam Travers le dejó la administración de sus fondos a una fundación que sólo le proporciona una mensualidad al menor de los mellizos.
Con el pasar del tiempo, los hermanos fueron encontrándose, aunque más por curiosas coincidencias en sus vidas que por el deseo de recuperar el tiempo perdido: ambos se casaron con mujeres de nombre Frances, y ambos le pusieron a una de sus hijas Katherine.La historia no termina allí, pues los dos también se divorciaron de sus respectivas por la misma causa: la adicción al alcohol.«Mi mujer me dijo que debía elegir entre ella y la cerveza Guinness.Y ahí no había competencia ¿no soy un desgraciado?», se pregunta Anthony.
La realidad, empero, los llevaría por caminos diferentes, como también lo harían sus respectivas opiniones sobre Mary Poppins.Porque, mientras Camillus aguarda lo mejor para el nuevo musical basado en la disparatada institutriz, que podría incrementar la fortuna de los Travers, estimada en 5,25 millones de euros, Anthony Hone ya no quiere ni oír su nombre. «No voy a ir al estreno del musical, porque ya he tenido suficiente de la imbécil de Poppins y todas las cosas que asocio con ella», protesta.
En la semana del 40 aniversario del estreno de la película protagonizada por Julie Andrews, no sólo ha trascendido el enojo del mellizo descartado por Pamela Travers. El buen nombre de la escritora ha recibido otras arremetidas. De acuerdo a un artículo publicado por The Times, la escritora habría mantenido vínculos con la extrema derecha británica, en particular con el British People's Party, del fascista inglés Oswald Mosley. Según el periódico, una reciente investigación descubrió que Travers publicó algunos artículos de crítica literaria a finales de la década de los 30 en la revista New Pioneer (Nuevo Pionero), de clara orientación antisemita, en línea con los ideales del entonces ascendente Adolf Hitler.
Pero Camillus niega tajantemente aquellas acusaciones. «A ella no le interesaban ni los nazis, ni Franco, ni Salazar, porque no tenía tiempo para meterse en política. Pero siempre se han dicho mentiras sobre su persona, como, por ejemplo, que en verdad era lesbiana», dice como abriendo el paraguas aún sin lluvia, tal cual hacía Mary Poppins.
Sideral era un DJ muy curioso había formado parte de un grupo pop Peanut Pie y luego se hizo DJ, estubo un tiempo en Dublín y era residente del LOW y pinchaba habitualmente en los mejores locales de baile.
Sideral se llamaba Aleix Vergés. Tenía 32 años y se lo encontraron el viernes muerto en su cama.
Yo había estado en sesiones suyas, como muchos otros, en el FIB y en el Low y a lo mejor más veces pero mi maltrecha memoria no me permite más. Sideral remezcló cuatro canciones de la época dorada de Sidonie.
Algunos piensan que si tienes 32 años y te da un ataque al corazón es porque te drogas.
Yo no le conocía, por lo que mí respecta, a pesar del efecto que me causa su muerte no deja de ser alguien lejano. Pero todos sabemos que no es alguien tan lejano.
Un amigo me escribió esto por si poidía leerlo:
Me entran unas ganas terribles de hacer cosas, las cosas que si sigo a mi ritmo, no seré capaz de terminar. Abro mi boca y respiro el aire y lleno mis pulmones, y mis alvéolos; y mi corazón se inunda de oxígeno agregado con sangre y esperanza. Parpedeo y miro el día y me imaginaré que lo puedo ver más despacio, como si quisiera disfrutar algo más del tiempo, como si pudiera paladear los rayos de sol y el viento fresco que se cruza con alivio en mi cara achicharrada.
Un chaval que tenía muchas cosas que hacer se ha ido, la suerte a veces es adversa, cualquiera puede ser el siguiente en lista de elegidos para el casting, no sé si hacemos cada día lo suficiente para merecernos vivir.
En el foro de Muzikalia se ha planteado una conversación absurda o no tan absurda. Un tal nothing decía que no le molaba su música y que no tenía porque sentirlo y que además si tenía 32 años pues que lo que le ha pasado ha sido por drogota. Es decir, que se lo merece.
Yo no he oído a nadie que se matara en un accidente de tráfico que se lo mereciera por ir deprisa o por no dormir, o por despistarse. Yo no sabía que la responsabilidad personal ya sea en una muerte propia o ajena elimina el dolor. Si alguien se suicida ha muerto porque se lo merece, todos pensamos en el infinito dolor que siente alguien cuando toma esa decisión. Nadie se acuerda de la desazón y el sometimiento que sufre alguien que se droga tanto que las drogas le matan.
Ayer me encontré a un hombre llamado Sadeq. Hace más de cincuenta años que murió. La gente cree que se suicidó, que se ahorcó. El dice que no, que en realidad le asesinaron. Lo que sí está claro es que en 1927 se intentó suicidar tirándose al rio Marne, práctica e intención al menos tenía. Sadeq era de Iran, allí vivía bien, pertenecía a una familia acomoda, propietaria sobretodo de fincas. Le mandaron a estudiar a Francia y a Bélgica. Allí conoció la obra de Poe, Kafka y Rilke.
Mientras me contaba esto, no dejaba de admirarme su tranquilidad, hablaba en francés sin a penas acento, muy despacio, dejando caer sus palabras en el silencio de la cripta. A pesar de que no domino ese idioma parecía entenderle a la perfección.
Me contó que había sido escritor, que publicó una novela que se llamaba La Lechuza Ciega, me relató el argumento me pareció sórdido, quizá por eso me encantó. Hablaba también en persa, antiguo y moderno. Conocía muy bien el folklore, las costumbres ancestrales, los orígenes de la cultura y la identidad de sus orígenes.
Me habló de la situación de Iran en aquella época, dominado por el Sha. Me hablo de sus conspiraciones más teoricas que prácticas para que desapareciera de Iran y con él todas sus sanguijuelas extranjeras. En el final de los años veinte vivía en Teheran, aunque trabajaba de mediocre oficinista–como Kafka–, tenía una vida social y cultural muy activa participaba en tertulias de escritores jóvenes que querían romper con la literatura y el pensamiento tradicional. Seguramente estas reuniones fueron el germen del club Rab’a, un club literario que propugnaba un nuevo orden en la creación literaria. Se acercó al partido comunista persa, Tudeh, con la esperanza de que la revolución sirviera para liberarse de la dictadura del Sha. No le quedó más remedio que huir a la India. Allí publicaría de forma secreta y artesanal La Lechuza Ciega.
Era una persona con fuertes convicciones, vivía toda reflexión con intensidad. Profundizó en el conocimiento de las religiones, en especial del zoroatrismo y el budismo, realizó estudios y traducciones y continuó escribiendo relatos cortos y novelas.
Al final de su vida no podía más, dejó de escribir, deseaba volver a París y allí murió no se sabe si se suicidó o le asesinaron. Le pesaba la vida, no encontraba satisfacción, quizá esperaba demasiado de ella, quizá tenía un sentimiento fatalista, quizá le mató un espía ingles perfectamente afeitado, mientras tomaban el té y hablaban de poesía. Sadeq no me lo aclaró yo no supe preguntarlo tampoco.
El otro día pedí su libro, el de la lechuza, para leerlo, pero me lo mandaron encuadernado al revés,–la primera página era la última–pensé que era un extraño código, un juego del escritor, pero no, simplemente era un fallo de la imprenta.
Un fumador de opio obsesionado por una mujer recrea sus visones oníricas en un mundo externo que no le pertenece. En ella aparecen imágenes fuertes, lisérgicas y al mismo tiempo filosóficas, la muerte, esa muerte que le obsesiona, como obsesionó a Rilke.
